Como tantas otras cosas en el barrio, el taller de Danza Urbana funciona a su manera, le esquiva a las formalidades, porque si bien, en el C C Las Flores -sostenido e impulsado por Sofía y otras vecinas- siempre suenan canciones y se pone el cuerpo en movimiento, para los chicos y chicas, es su lugar de encuentro, de escucha, de juego y de contención.
Por eso, como tantas otras cosas, este taller empieza afuera: es parte de un engranaje mayor que no escapa a las necesidades ni las urgencias del barrio pero tampoco la profe y sus asiduos concurrentes se resignan a dejar de jugar y pasar una tarde de merienda y música, derechos ineludibles para cualquiera que pase por acá.
Es que el taller de Camila suponemos que implica, -más allá de coreografías o técnicas de respiración-, una creación colectiva, de disfrute y expresión, donde los chicos y chicas se animan a soñar que el juego y la dignidad, farmean aura por igual.

